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Desfibriladores automáticos: Más que una moda

By 15 octubre, 2015 No Comments

Mas desfibriladores al alcance de todos. Dónde, cómo y cuando hacer un buen uso de ellos. 

Los campos de golf son lugares propicios para sufrir un paro cardiaco, según se desprende un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburg. Por eso, muchos clubes se estén planteando la posibilidad de instalar desfibriladores externos en sus instalaciones. Es una práctica muy normal en Estados Unidos, donde ya existe una normativa al respecto.

 

En España, y a la espera de dicha normativa, algunos clubes ya se han adelantado y han instalado desfibriladores externos en sus instalaciones como es el caso de Guadalmina, en Málaga, y San Roque en Cádiz.

 

Según un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburg (Pensilvania), los clubes ocupan el quinto puesto en la lista de lugares en los que es más frecuente sufrir un paro cardiaco en Estados Unidos. Según se afirma en este mismo estudio: ‘Los campos de golf, en su misma naturaleza, suponen un riesgo muy alto para muchos de quienes los utilizan. Normalmente los jugadores acarrean un peso al que no están acostumbrados, pasan largas horas al sol sin la hidratación adecuada, caminan por pedientes acusadas, para colmo, de vez en cuando, ingieren bebidas alcohólicas y fuman algún cigarro ocasional’.

 

A esta estadística se suman los datos de la Asociación Americana del Corazón, que asegura que la edad media a la que se produce un infarto son los 65 años, edad a la que muchos trabajadores se retiran y empiezan a pasar más horas en sus clubes. Aunque estos estudios no son del todo aplicables a la realidad española, algunas de sus observaciones sí que podrían ser tenidas en cuenta a la hora de prevenir consecuencias fatales en las instalaciones de un club.

 

Las estadísticas españolas

De las aproximadamente 70.000 personas que sufren un infarto de miocardio cada año en España, el 30 por ciento fallece antes de llegar al hospital, y cada minuto que pasa disminuye en un 7% las posibilidades de supervivencia. “Diez minutos después las posibilidades son nulas”, apunta Juan Roca, presidente de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC). Un 80 por ciento de las paradas cardiacas se produce fuera del entorno hospitalario y sólo la cuarta parte de ellas se atienden de manera correcta. Pero si se aplican desfibriladores en menos de 3 minutos desde que se produce la parada cardiaca, la supervivencia aumenta un 73 por ciento, y si se hace en menos de 5 minutos, las posibilidades llegan hasta el 50 por ciento. De ello se deduce que “un gran número de estas personas podrían salvar su vida si tuvieran un desfibrilador cerca, ya que la asistencia inmediata tras la parada es fundamental”, añade Roca.

 

En la actualidad existen desfibriladores externos con una tecnología muy avanzada que permite su utilización a personas sin formación médica. Los desfibriladores externos son equipos electrónicos previstos de un sistema de análisis del corazón que monitoriza el ritmo cardiaco y, cuando es preciso, liberan un choque eléctrico sin necesidad de que las personas que los utilicen sean expertos cardiólogos. Su manejo es sencillo, ya que únicamente deben ponerse los electrodos adhesivos que lleva el aparato en la persona que ha sufrido un paro cardíaco y seguir las instrucciones.

 

Instalar estos desfibriladores en lugares públicos, como centros comerciales, aeropuertos o instalaciones deportivas, reduciría en un 30 por ciento las muertes por infarto de miocardio, según SEMICYUC.

 

Dónde colocarlos

Ante la urgencia con la que se debe actuar resulta lógico pensar que los desfibriladores deben estar situados en lugares accesible. “Como ejemplo gráfico, deberían estar instalados como lo están los extintores de incendios”, asegura Alfonso Suengas, de la empresa Es Por Ti Corazón, distribuidora en exclusiva para España de los equipos de General Electric Healthcare. Suengas añade que “los profesionales consideran que los desfibriladores deben estar ubicados (como en muchos aeropuertos americanos) a una distancia tal entre sí, que cualquier persona pueda llegar hasta ellos en un margen de tiempo de 60-90 segundos, de tal forma que en dos minutos se esté atendiendo a la víctima”. Esta premisa, unida a la capacidad del club para disponer de vehículos y personas para transportar el desfibrilador, determinará el número de desfibriladores necesarios en cada caso.

 

Suengas asegura que “a diferencia de los que todos podemos ver en los hospitales, los desfibriladores externos semiautomáticos son equipos portátiles, de uso muy sencillo y de poco más de tres kilos de peso. El equipo va explicando lo que se debe hacer con voz alta y clara, analiza el ritmo cardiaco y determina si existe o no fibrilación. En caso afirmativo ordenará que se apriete un botón para producir la descarga eléctrica que permita restablecer el ritmo cardiaco. Si no existe fibrilación, si no es un infarto, el equipo nunca permitirá que se realice la descarga eléctrica y simplemente pedirá que se retiren los electrodos del pecho del paciente. Es absolutamente seguro”.

 

El precio medio de un desfibrilador de General Electric se encuentra en 2.200 euros y tiene un mantenimiento anual en el que se debe revisar el correcto funcionamiento del equipo: batería, electrodos y sistema de guiado por voz. Otras empresas que comercializan estos productos, como MC Medicina, apuntan precios semejantes: desde un desfibrilador DESA por 1.800€, a un Punto de Emergencia Cardiaco de pared por 4.500€.

 

En cuanto al mantenimiento de los equipos hay que señalar que los desfibriladores se autochequean solos, tanto en la calidad y caducidad de los electrodos, como en la capacidad y estado de la batería, en la efectividad de las descargas y en el estado del mecanismo interno. De tal manera que resulta casi imposible que tengan un mal funcionamiento o que se produzca un mal uso por parte de personal no cualificado, ya que sólo funcionará si están en perfecto estado y ante un ritmo desfibrilable.

 

Aunque el uso de desfibriladores externos puede llevarse a cabo por parte de personal no médico, puede resultar muy conveniente que varias personas del club aprendan primeros auxilios. Se trata de un curso de entre 6 y 10 horas que incluiría resucitación cardiopulmonar y manejo del equipo, y que la empresa que vende el desfibrilador debe impartir esta formación y acreditar y certificar a cada asistente. Por su propia naturaleza, el paro cardiaco crea una situación de pánico colectivo, por lo que muchas veces es tan importante aprender el manejo técnico de los aparatos como saber controlar la ansiedad y el estrés de este tipo de situaciones, en las que la persona que va a utilizar el desfibrilador pueda mantenerse serena en situaciones de emergencia.

 

Dar a conocer el programa

De nada serviría tener 100 desfibriladores en el club y personal entrenado si los propios socios desconocen que éstos existen y en qué situaciones pueden ser utilizados. Lo peor que puede ocurrir es que alguna persona fallezca de paro cardiaco en las instalaciones del club por desconocer la existencia de estos desfibriladores y cómo proceder en caso de emergencia.

 

Dar a conocer la información a través de boletines, comunicados, o la propia revista del club sería lo más recomendable. En algunos clubes de Estados Unidos, como Rockrimmon, se ha desarrollado un pequeño manual de procedimiento, con un plano en el que figuran todos los desfibriladores disponibles y lo que se debe hacer en caso de parada cardiaca. Este manual se ha colocado además en todos los coches del club.

 

Distintos edificios e instalaciones de Madrid, Cataluña, País Vasco, Aragón, Navarra y Andalucía, entre los que se encuentran los clubes de Guadalmina y San Roque, han sido los pioneros en nuestro país en incorporar las llamadas ‘columnas de rescate cardíaco’, en las que el elemento principal es el desfibrilador que, según la Sociedad Española de Cardiología, en Estados Unidos y Reino Unido ha logrado recuperar hasta un 25 por ciento de casos en los que la muerte súbita era el desenlace más previsible. Para lograr este alto porcentaje, señalan los expertos, basta con que el dispositivo se active en los cinco minutos siguientes a sufrir un accidente cardiaco. Desde su implantación, en España se estima que se evitan cerca de 6.000 muertes anuales.

Fuente: http://clubmanagerspain.com/

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